El régimen audiovisual del web art siempre fue paradigma de un orden del tiempo no basado en la sucesión, sino en relaciones interiores de tiempo, en la línea de la imagen-tiempo que fuera redefinida (tomando el término de Bergson) por Gilles Deleuze. Evolución de ese “reino de los inconmensurables” o de los “cortes irracionales” que instaurara la cinematografía más ambiciosa de la segunda mitad del siglo XX (ésa en la que el tiempo habría perdido “los estribos” presentándose en “estado puro”) la imagen-tiempo encontrará en el campo electrónico su mejor contexto para desarrollarse. De hecho, Deleuze aseguraba la importancia futura del descubrimiento bergsoniano de una imagen-tiempo, convencido en 1983 de que aún quedaban “por despejar muchas de sus consecuencias”. De forma más concreta, su vaticinio acerca de las imágenes electrónicas, que según afirmaba “cimentarían en aspectos no conocidos aún de la imagen tiempo” parece hoy un hecho especialmente patente en la producción artística on line.

Tratando de constatar esta situación, se presentan aquí una serie de obras que inciden en ese método del ENTRE deleuziano (“entre dos imágenes”), haciendo visible lo que es indiscernible, su espaciamiento, liberando intersticios e intervalos, la coexistencia del antes y el después con la imagen, es decir, intentos de una presentación directa del tiempo, o, dicho de otra manera, más “mostraje” del tiempo que “montaje” en el tiempo. Pues la fluidez deslizante de un tiempo que separa los acontecimientos y sus dinámicas, pero sólo como en un motor la grasa separa piezas que se mueven a distinta velocidad o de forma contrapuesta es una de las más importantes características de estas obras. Despojadas de nexos de fuerza entre las imágenes que las integran, las relaciones entre éstas no son de necesidad sino siempre de atracción, variables en sus intensidades, instantáneas en sus acuerdos. Un nuevo fin del tiempo como el orden de los fenómenos sucesivos, en la invitación a un nuevo, extraño y fascinante ejercicio de exposición de sus espectadores a simultaneidades totales.

Qué duda cabe que la experiencia informática, capaz de ofrecer en todo momento la misma experiencia en toda su exactitud, es la de un vivir “con” el tiempo y no “en” el tiempo. Tradicionalmente, sin embargo, al tiempo se le hizo depender de lo que acontece “en” el tiempo. Pasaba tiempo en cuanto que algo se movía en el espacio, es decir, cambiaba. El movimiento era el indicio del tiempo, la evidencia objetiva de su transcurrir. De esta vieja subordinación que esta muestra no deje de incluir, antes incluso que el “durante” el “donde”. Pero un “donde” no interrogativo, sin tilde. No hay un lugar por el que preguntar aquí. No recorremos espacios, ni hacemos travesías, ni trayectos, nuestros vagabundeos en las obras sólo nos “hunden” en el tiempo.

Por supuesto, la tradicional relación entre tiempo y espacio es continuamente tematizada en las propuestas aquí incluidas, haciendo uso de los elementos más propios de su condición, no otros distintos a los que su automatismo electrónico corresponde: la detención, el retardo, la vibración, la proliferación, la multiplicación, la replicación. En estas obras todo se disuelve a favor de la “presencia del momento”; no tratan de representar acontecimientos o sucesos en el tiempo, sino sobre todo de exponer la forma en la que los experimentamos temporalmente. O cómo el pliegue del tiempo transforma el espacio, cómo deforma o crea, incluso, esos “dondes”.

Juan Martín Prada